Por qué casi todas las comparativas salen demasiado optimistas
La mayoría de cálculos que circulan comparan tu tipo marginal de IRPF con el 25 % del Impuesto de Sociedades, ven una diferencia de quince o veinte puntos y concluyen que la SL es un chollo. Se dejan fuera tres cosas que en una sociedad pequeña pesan mucho:
- El dinero hay que sacarlo. El beneficio de la SL no es tuyo hasta que te lo pagas, como sueldo, que vuelve a tu IRPF, o como dividendo, que tributa entre el 19 % y el 30 %. La ventaja fiscal está en lo que se queda dentro.
- La cuota sube. Como autónomo societario, tu base mínima en 2026 es de 1.424,40 € al mes, unos 449 € de cuota. Si ahora estás en un tramo bajo, solo eso son varios miles de euros al año.
- El 15 % de nueva creación no es para ti si la SL continúa tu actividad y tienes más de la mitad.
Súmale gestoría, cuentas anuales y certificado de representante, y el punto en que compensa cambiar sube bastante respecto a lo que promete la comparativa rápida.
Cuándo sí tiene sentido
- Ganas bastante más de lo que necesitas para vivir y quieres reinvertir en el negocio.
- Quieres limitar tu responsabilidad: en una SL, las deudas del negocio son de la sociedad, no tuyas, salvo que las avales o haya responsabilidad del administrador.
- Vas a entrar con socios o a buscar financiación.
- Tus clientes, sobre todo empresas grandes o administraciones, prefieren contratar con una sociedad.
El orden importa
Primero constituyes la SL, después la das de alta y cambias tu encuadre en la Seguridad Social, luego pasas trabajadores, local y contratos, y solo al final das de baja tu actividad como persona física. Si lo haces al revés, quedas unos días sin poder facturar o con dos negocios abiertos a la vez sin querer.